El británico debutó en el Auditorio Telmex ante cerca de 9 mil personas, en una presentación visualmente cuidada, vocalmente sólida y construida alrededor de sus grandes éxitos
Sam Smith llegó por primera vez a Guadalajara con una fórmula que conoce bien: oscuridad, teatralidad, cambios de vestuario, una banda sólida y una colección de canciones capaces de hacer cantar a miles de personas.
El resultado fue una noche efectiva y, por momentos, emocionante, aunque también dejó la sensación de que el espectáculo está cuidadosamente diseñado para provocar determinadas reacciones en el público.
Los asistentes ocuparon el Auditorio Telmex para recibir al cantante británico, quien apareció poco después de las 21:00 horas, luego de la presentación de Manuel Medrano, encargado de abrir la velada desde las 20:00 horas.
El inicio fue deliberadamente sobrio.
El escenario permaneció prácticamente a oscuras hasta que una luz blanca cenital reveló a Smith, y abrió con el tema Love Is A Stillness de To Be Free, gira con la que el intérprete regresó a los escenarios.

Desde ese primer momento quedó claro que Smith no pretendía ofrecer únicamente un concierto: la propuesta está construida como un espectáculo de imagen, iluminación y personaje.
Tres coristas, piano, sintetizadores, dos guitarras, bajo y batería conformaron una banda que acompañó con solvencia al cantante. Las luces rojas, naranjas y blancas aparecieron estratégicamente, sin saturar el escenario, aunque en algunos pasajes el diseño visual terminó teniendo tanto protagonismo como la propia música.
Después de Everlasting Love, llegó uno de los primeros grandes momentos de la noche con I’m Not the Only One. Smith dejó de cantar durante uno de los coros y cedió la voz al público. La respuesta fue inmediata: miles de personas cantaron mientras sus teléfonos se elevaban para registrar el momento.
Es un recurso conocido en los grandes conciertos, pero Smith sabe utilizarlo. No necesita forzar la interacción; sus canciones ya hicieron buena parte del trabajo.
El repertorio avanzó con My Guy, Lay Me Down y Too Good at Goodbyes, aunque fue en los cambios de imagen donde la propuesta escénica volvió a cobrar fuerza.
Smith apareció posteriormente con nueva vestimena, para interpretar Constant Companion. Después llegó Hazel Eyes, tema de su nuevo disco, y posteriormente Moondance, con el cantante completamente vestido de negro.

La variedad visual resulta atractiva, pero también evidencia uno de los riesgos de la propuesta: por momentos, el vestuario parece competir con las canciones por el centro de atención.
Con Oasis y Dancing With A Stranger, el concierto recuperó velocidad. El público cantó y bailó desde las butacas mientras Smith recorría el escenario y respondía a los gritos con un “Beautiful” y un “I love you”.
Ahí estuvo una de las mayores virtudes de la noche: la capacidad de Smith para convertir un recinto de miles de personas en un espacio de complicidad. No todo dependió de la producción. Cuando las canciones funcionaron por sí mismas, el espectáculo encontró sus mejores momentos.
La recta final llegó con Gimme, Oh Mother, When He’s Gone, Burning y Him. Y entonces apareció Unholy, uno de los temas que mayor impacto ha tenido en su etapa reciente.
Para entonces, Smith ya había vuelto a cambiar de vestuario y apareció con un vestido. Stay With Me, alrededor de las 22:30 horas, funcionó como el cierre principal de una noche que apostó más por la emoción conocida que por la sorpresa, pero aún faltaba Hold On, canción con la que finalmente cerró su presentación.
El debut de Sam Smith en Guadalajara fue, en términos generales, una presentación sólida. Hay oficio, una producción cuidada y una voz que sigue siendo el principal argumento del espectáculo.
Sin embargo, también queda la impresión de que buena parte de la noche está construida alrededor de una fórmula perfectamente ensayada: canción, cambio de vestuario, iluminación, interacción y nuevamente canción.

En un espectáculo de esta escala, la precisión es parte del atractivo. Pero para un artista con la sensibilidad vocal y el repertorio de Smith, quizá habría espacio para arriesgar más y dejar que la música respirara sin tantos elementos alrededor.
Sam Smith continuará su visita por México con cuatro presentaciones en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México, programadas para los días 17, 18, 20 y 21 de agosto.
El británico ya consiguió algo importante en su primera visita: dejar claro que, más allá del vestuario, las luces y la producción, todavía tiene canciones capaces de hacer cantar a miles de personas al mismo tiempo.
