En apenas unos años, el Cross Border Xpress (CBX) ha pasado de ser un proyecto audaz a convertirse en un símbolo de innovación fronteriza y orgullo binacional. Desde su puesta en marcha en 2015, esta infraestructura —resultado de una inversión privada de 120 millones de dólares— ha transformado la manera en que miles de viajeros cruzan entre Tijuana y San Diego, consolidándose como uno de los grandes logros de movilidad en la región.
Con sus 45 metros de longitud y 150 toneladas de ingeniería precisa, el CBX no solo es un puente: es la materialización de una visión que pocos creían posible. Concebido exclusivamente para pasajeros con boleto del Aeropuerto Internacional de Tijuana, este corredor peatonal elevó la experiencia del viajero al ofrecer un cruce seguro, directo y eficiente entre México y Estados Unidos, reduciendo tiempos y abriendo un nuevo capítulo para la conectividad aérea de Baja California.

Desde su creación, el objetivo fue claro: facilitar y dignificar el tránsito de quienes viven, visitan o trabajan a ambos lados de la frontera. Hoy, esa misión se cumple día con día gracias a un flujo ágil que permite ingresar a México o salir hacia Estados Unidos sin las complicaciones de los cruces tradicionales. El simple hecho de presentar el pase de abordar —que garantiza un vuelo dentro de las siguientes 24 horas— convierte la experiencia en un proceso ordenado y moderno.
El Instituto Nacional de Migración (INM) ha desempeñado un papel clave en esta dinámica, manteniendo vigilancia, revisión y acompañamiento a los pasajeros que utilizan este puente aeroportuario único en su tipo en el mundo. Su labor refuerza la seguridad y formalidad de un proyecto que hoy es motivo de celebración para la región.

A casi una década de distancia, el CBX no solo ha demostrado ser funcional: se ha convertido en un motivo de orgullo para ambos lados de la frontera.
Es prueba de que la colaboración, la visión a largo plazo y la apuesta por la infraestructura pueden cambiar la vida diaria de miles de personas.

El CBX es, en esencia, una celebración continua: de movilidad, de cooperación, de modernidad y de una frontera que, en lugar de dividir, también sabe unir.
