La producción internacional transforma los terrenos junto a Plaza Patria en una pequeña ciudad itinerante, donde artistas y técnicos unen talento y esfuerzo para crear una experiencia que conecta a las personas con la naturaleza.
Detrás de las acrobacias, la música y los impresionantes recursos visuales de Echo, el nuevo espectáculo de carpa de Cirque du Soleil, existe una compleja maquinaria humana que hace posible cada función.
La confianza entre los artistas, la coordinación del equipo técnico y la convivencia detrás del escenario son parte esencial de esta producción, que ya se encuentra en Guadalajara.
Los terrenos a un costado de Plaza Patria se han convertido en el hogar temporal de esta compañía internacional, donde se ultiman los ensayos para ofrecer al público una propuesta que combina circo contemporáneo, teatro y tecnología audiovisual.

Montar un espectáculo de esta magnitud requiere una operación logística considerable. Alrededor de 50 personas participan en la instalación de la gran carpa azul y blanca, con capacidad para cerca de 2 mil 600 espectadores.
El traslado involucra 72 camiones cargados de equipo, mientras que el montaje toma aproximadamente siete días y el desmontaje cuatro, explicó Kevin Albert, publicista sénior de Echo.
Alrededor de la carpa principal también se levanta una pequeña comunidad itinerante que incluye espacios de ensayo, oficinas, almacenes, cocina y comedor. La infraestructura funciona como un pueblo autosuficiente, con suministro eléctrico propio y una cocina que sirve más de 300 comidas al día para artistas, trabajadores y sus familias.

Aunque 53 artistas participan en escena durante el espectáculo, la gira está integrada por 122 personas. Técnicos, especialistas en mantenimiento y personal de atención al visitante trabajan en conjunto para que cada función se desarrolle de manera coordinada.
Echo explora la conexión entre los seres humanos, los animales y el medio ambiente. Su propuesta escénica gira alrededor de un enorme cubo de siete metros, concebido como un elemento central para integrar proyecciones, efectos visuales, acrobacias y representaciones teatrales.
De acuerdo con Albert, la estructura representa uno de los elementos distintivos de esta producción, creada específicamente para el formato de gran carpa. El montaje también incorpora diez proyectores de video para cubrir el cubo, el escenario y a los artistas, además de contar con seis vocalistas en directo, una característica destacada dentro de las producciones de circo de la compañía.

Entre los actos que dan identidad a Echo se encuentra el número de suspensión capilar que realizan Danira Quintanar y Penélope Scheidler. Su presentación requiere precisión, coordinación y, sobre todo, una confianza absoluta, pues ambas ejecutan movimientos en los que dependen físicamente una de la otra.
Danira explicó que esa seguridad mutua es indispensable, especialmente durante las secuencias en las que una sostiene a la otra por el cabello o la carga en brazos. A esa confianza se suma la química que han desarrollado durante los ensayos.
La conexión también se construye fuera del escenario. Para los integrantes de la compañía, viajar durante gran parte del año significa compartir jornadas de trabajo, momentos difíciles y experiencias personales que terminan por convertir al elenco en una familia.

Esa convivencia, junto con la colaboración de técnicos, creativos y personal de apoyo, forma parte de la esencia de Echo: una producción que busca recordar la importancia de los vínculos y la relación entre las personas y su entorno.

Con más de cuatro décadas de trayectoria, Cirque du Soleil mantiene en esta propuesta su apuesta por combinar destreza física, creatividad y emoción. Echo se presenta en Guadalajara hasta el 1 de noviembre, bajo la gran carpa instalada junto a Plaza Patria.
