Guadalajara volvió a rendirse ante Rosalía. La cantante española regresó a la capital jalisciense para ofrecer dos conciertos con localidades agotadas en la Arena VFG, como parte de su gira LUX Tour, en una presentación que confirmó la evolución artística de una de las figuras más influyentes de la música contemporánea.
Su regreso a Guadalajara ocurrió después de su paso por la ciudad con la gira mundial Motomami, proyecto que en su momento redefinió el lenguaje visual y escénico de los grandes conciertos. Sin embargo, entre aquella propuesta y LUX existe una distancia evidente: Rosalía pasó de la energía del reguetón y la electrónica industrial a una puesta en escena dominada por una orquesta sinfónica, referencias religiosas y una estética profundamente teatral.
El cambio pudo parecer radical, pero sobre el escenario ambas etapas encontraron un punto de encuentro. Rosalía demostró que su capacidad para reinventarse no significa abandonar su pasado, sino incorporarlo a una visión artística mucho más ambiciosa.
El espectáculo comenzó después de las 21:00 horas. Aunque el tráfico complicó el traslado de los asistentes hacia el recinto, una vez que la Arena VFG alcanzó su máxima capacidad, el público quedó inmerso en el universo creado por la artista.

Más que un concierto convencional, LUX se percibió como una obra teatral cuidadosamente orquestada y dividida en cuatro actos: El Descenso, El Club, Lo Sagrado y La Celebración.
Cada segmento contó con una identidad visual y coreográfica propia, pero todos mantuvieron una narrativa común alrededor de la luz, la espiritualidad, la transformación y el renacimiento.
El espectáculo tuvo como eje su más reciente álbum, LUX, lanzado en noviembre de 2025, una producción que representó un nuevo punto de inflexión en la carrera de la española al explorar una amplia variedad de géneros y sonoridades.
Aunque el disco supone un giro considerable respecto a Motomami, la transición entre ambas épocas funcionó sobre el escenario con sorprendente naturalidad.
El telón se abrió para revelar un enorme sol en tonos carmesí y anaranjados, acompañado por un sutil texto de carácter hagiográfico relacionado con el martirio de los santos.
El primer acto siguió buena parte del repertorio de LUX en su orden original, con temas como “Sexo, Violencia y Llantas”, “Reliquia”, “Porcelana”, “Divinize” y “Mio Cristo Piange Diamanti”.

Fue entonces cuando Rosalía mostró una de las facetas más sorprendentes de la noche. Vestida con un tutú rosa claro, ejecutó una pieza de ballet en puntas acompañada por sus bailarines, en una propuesta coreográfica que fusionó la disciplina clásica con el movimiento contemporáneo.
Las referencias bíblicas se hicieron cada vez más presentes conforme avanzaba el espectáculo. Una enorme cruz iluminada apareció hacia uno de los momentos culminantes, acompañada por vestuarios con alas de ángel y plumas blancas.
La imaginería visual encontró correspondencia con las letras de las canciones, mientras las pantallas superiores del escenario ofrecían traducciones al inglés para quienes no dominaban el español. Sin embargo, el entusiasmo del público dejó claro que buena parte de los asistentes ya conocía las canciones de memoria.
Entre los pasajes orquestales, “Dios Es Un Stalker” se convirtió en uno de los momentos destacados del primer tramo, al combinar la nueva dimensión espiritual de Rosalía con el ingenio pop que ha caracterizado buena parte de su trayectoria.
Rosalía apareció nuevamente sobre el escenario vestida completamente de negro, proyectando la imagen de un ángel caído, para dar paso a una etapa mucho más energética y cercana a la esencia de sus trabajos anteriores.

“Berghain” fue uno de los momentos más explosivos de la noche. La Arena VFG se convirtió en una auténtica pista de baile y prácticamente todo el público terminó de pie.
En medio del espectáculo, la influencer y cantante Yeri Mua apareció sobre el escenario para compartir con Rosalía una divertida confesión relacionada con el desamor y la religión. Ambas interactuaron a través de una mampara de confesionario, en uno de los momentos más inesperados y celebrados por los asistentes.
La intervención dio paso a “La Perla”, canción que Rosalía presentó con una referencia directa a Guadalajara al recordar que la ciudad es conocida como “La Perla Tapatía”.
El recorrido continuó con “La Noche de Anoche”, “Bizcochito”, “Despechá”, “Novia Robot”, “Focu Ranni” y “Magnolias”, temas que llevaron al público por las distintas atmósferas de una producción diseñada para transitar entre lo íntimo, lo espiritual, lo festivo y lo provocador.
El espectáculo llegó a su conclusión con el escenario nuevamente bañado por un intenso sol de color naranja sanguina.
La imagen funcionó como símbolo del funeral y, al mismo tiempo, del renacimiento de la propia artista: una representación visual de la transformación que atraviesa Rosalía en esta nueva etapa.

Con LUX, la cantante no solamente presentó un nuevo repertorio. Construyó una experiencia escénica en la que la música, la danza, la religión, la moda y la teatralidad se fusionaron para contar una historia de transformación.
Rosalía ofrecerá una segunda presentación en la Arena VFG este domingo, para después continuar con su LUX Tour en Monterrey, donde se presentará el 19 de agosto.
Posteriormente, la cantante llegará a la Ciudad de México para ofrecer cinco conciertos en el Palacio de los Deportes, programados para los días 22, 24, 26, 28 y 29 de agosto.
