La película del director David Freyne y el guionista Pat Cunnane sumerge a un trío de hermosos difuntos en un divertido juego que va más allá de decidir qué eternidad habitar para siempre, pidiéndole a una mujer que decida con quién quiere pasar la otra vida.

Joan (Elizabeth Olsen) se enfrenta a una elección entre su segundo marido, Larry (Miles Teller), el hombre con el que ha pasado la mayor parte de su vida; o su primer marido, Luke (Callum Turner), quien murió durante la Guerra de Corea y ha esperado casi 70 años para pasar la eternidad con ella.

Sin duda que explorar el más allá siempre ha estado presente en la mente de los artistas, ya sea a lo largo de siglos de reflexiones sobre la literatura y la religión o simplemente durante el último siglo de intentos cinematográficos por capturar lo que podría existir más allá de nuestra existencia actual.

Pero aquí las opciones aparentemente ilimitadas que ofrece esta sala de espera purgatoria y los trabajadores que guían a los recién fallecidos, pero para los protagonistas de Eternidad, las cosas son aún más complicadas que esta decisión final.

Eternidad se inscribe en los caminos más convencionales que presenta, y el hotel donde estos muertos deben esperar o trabajar para elegir su eternidad es precisamente el tipo de burocracia celestial que esperamos de la mayoría de las obras cinematográficas sobre el más allá.

Otro aspecto que eleva la cinta más allá de sus artificios y previsibilidad es el propio reparto, un conjunto asombroso de actores que transmiten emociones sinceras y gran sentido del humor.

Da’Vine Joy Randolph y John Early son una delicia en sus papeles como consultores de ultratumba, aunque su propósito principal es servir a los protagonistas, mismos que forman un dúo divertido y comprometido que nunca se excede y que además ayuda a aligerar los momentos emocionales más intensos de la narrativa.

Pero todo en Eternidad depende de la capacidad de Teller y Olsen para transmitir el dolor y la alegría que conlleva pasar una vida juntos y, para Olsen en particular, si vale la pena pasar la eternidad con esa misma persona.