La cinta dirigida por Dave Green llega finalmente a los cines después de años de incertidumbre y ofrece una mezcla de nostalgia, humor y crítica a la avaricia corporativa.

Hay películas cuyo estreno comienza cuando llegan a las salas y otras cuya historia detrás de cámaras resulta casi tan sorprendente como lo que aparece en pantalla. Coyote vs. Acme pertenece claramente al segundo grupo.

La producción permaneció archivada durante años después de que Warner Bros. decidiera no estrenarla y optara por una deducción fiscal cercana a los 30 millones de dólares. El proyecto parecía condenado a desaparecer hasta que Ketchup Entertainment adquirió los derechos en 2025 y abrió finalmente el camino para que la cinta dirigida por Dave Green pudiera encontrarse con el público.

Con un presupuesto de alrededor de 70 millones de dólares, la película combina acción real y animación para convertir una de las rivalidades más conocidas de Looney Tunes en una peculiar batalla legal. El punto de partida es el texto que Ian Frazier publicó en The New Yorker en 1990, donde imaginaba a Wile E. Coyote llevando a Acme ante los tribunales por los productos defectuosos que, una y otra vez, terminaban provocando sus propios desastres.

El Coyote decide reclamar a Acme por las consecuencias de utilizar sus productos en su interminable persecución del Correcaminos. Para defenderlo aparece Kevin Avery, interpretado por Will Forte, un abogado que ha construido su carrera aceptando acuerdos rápidos y evitando enfrentamientos demasiado complicados.

Lo que inicialmente parece otro caso menor cambia cuando Avery descubre que su cliente no busca simplemente una compensación económica, y quiere enfrentarse a una de las corporaciones más poderosas y demostrar que Acme debe asumir la responsabilidad por sus productos.

La idea permite que la película juegue con algo más que los golpes, explosiones y accidentes característicos del personaje.

Samy Burch incorpora una crítica directa a la cultura corporativa y a la manera en que las grandes compañías pueden utilizar su poder para esquivar responsabilidades.

El humor es constante y está acompañado por numerosas referencias para los seguidores de Looney Tunes, desde detalles escondidos hasta nombres de personajes y situaciones que remiten a décadas de historia animada, Green demuestra que conoce el universo que está utilizando.

Will Forte lleva buena parte del peso de las escenas de acción real, mientras el Coyote funciona como su peculiar compañero de aventuras. La relación entre ambos termina convirtiéndose en una especie de amistad improbable en la que uno aprende a recuperar la confianza y el otro demuestra que la perseverancia puede ser una virtud.

El Coyote puede ser golpeado, aplastado, quemado o lanzado por los aires innumerables veces, pero siempre vuelve a intentarlo. Esa obstinación, que durante décadas fue el motor de sus cortometrajes, adquiere aquí un significado diferente: continuar después de fracasar.

La producción también reserva espacio para varios personajes clásicos, entre ellos Bugs Bunny, el Pato Lucas, Piolín, Silvestre y el Demonio de Tasmania. Sin embargo, el centro continúa siendo la relación entre Coyote y Correcaminos, una rivalidad que adquiere una dimensión inesperadamente emotiva hacia el desenlace.

No todo funciona con la misma eficacia. La película está cargada de gags y referencias, pero la abundancia de chistes no siempre produce grandes carcajadas. En algunos momentos, la acumulación de ocurrencias termina frenando una historia que por momentos podría avanzar con mayor agilidad.

Aun así, Coyote vs. Acme tiene algo que difícilmente puede ignorarse: consiguió llegar a las salas después de estar prácticamente condenada al olvido.

Su mayor virtud está en no limitarse a explotar la nostalgia. Aunque utiliza personajes conocidos para atraer a varias generaciones, también intenta contar una historia sobre perseverancia, amistad y poder corporativo.

El resultado es irregular, pero suficientemente ingenioso para demostrar que, incluso después de varios años en la congeladora, el Coyote todavía tenía una última persecución que protagonizar.

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