La Hora de la Desaparición, es una película que cambia de forma ante tus ojos, esa es tanto la fortaleza como la debilidad de la continuación del director Zach Cregger, que lo ve dando vueltas en un territorio temático similar a la comodidad fabricada de los suburbios.
Y su trama, arranca con la alegría de una primaria, mientras Cregger expone los terrores latentes bajo las vallas del artificio de una manera mucho más expansiva y extensa.
Es un gran cambio, con un final escandaloso que proporciona una catarsis histéricamente cruel, pero su impulso propulsor a menudo está en desacuerdo con la historia más paciente que Cregger parece querer contar, lo que resulta en una película que se siente menos que la suma de sus muchas partes emocionantes.
Parte de lo que le da vida a la cita es su sensación inconexa es que su historia central se divide en seis capítulos, cada uno dedicado a un miembro diferente de su elenco.

La película comienza con una escalofriante voz en off que nos sumerge en su misterio central: un suburbio se ve afectado por la tragedia cuando la maestra Justine Grady (Julia Garner) llega a su aula un miércoles cualquiera por la mañana y encuentra a un estudiante, Alex (Cary Christopher), solo en la sala. Mediante el monitoreo de varias cámaras Ring, nos enteramos de que a las 02:17 a.m., los otros 17 estudiantes se despertaron y huyeron en la noche, sin tener ni idea de adónde podrían haber ido.
Un grupo de padres, liderado por Archer (Josh Brolin), está indignado con Justine, creyendo que fue directamente responsable de la desaparición de sus hijos o que fue negligente al protegerlos.
Como ocurre con todas las tragedias en Estados Unidos, el período de duelo se trunca para volver a la normalidad y mientras la vida se reanuda para la mayor parte del pueblo, hay algunos decididos a llegar al corazón de estas desapariciones.
Justine y Archer se ven obligados a tomar la investigación en sus propias manos, lo que da inicio a los dos primeros actos de la película, Weapons utiliza elementos básicos del género con cierta regularidad a lo largo de cada segmento.

Pero funciona mejor cuando permite a sus personajes sentir el peso de sus emociones, concretamente el dolor inconsolable de perder a un hijo, antes de su estreno de la película, algunos especularon que servía como alegoría de las consecuencias de un tiroteo escolar, curiosamente, Cregger se ha distanciado rotundamente de esa interpretación, insistiendo en que su película no tiene nada de político.
Y se puede sentir la lucha de esta película consigo misma, en donde ser busca regodearse y reflexionar, pero también debe responder a los fans del terror que no entran a las salas en busca de emociones fuertes ni de meditación.
