Vivimos en una era donde la fe se convierte en contenido, el dolor en entretenimiento y el horror en mercancía, y The Ritual, no es la excepción, la nueva película protagonizada por Al Pacino, quien en la cinta toma el caso real de Emma Schmidt —una mujer atormentada por síntomas que hoy serían interpretados desde la salud mental— y lo transforma en una coreografía fílmica de demonios, gritos y símbolos religiosos.
¿Estamos frente a una denuncia espiritual o simplemente otro producto bien empaquetado para asustar con la fe ajena?
La historia detrás del filme no es ficción. En 1928, Emma Schmidt fue sometida a uno de los exorcismos más extensos y documentados en la historia de Estados Unidos.

Sufría episodios violentos, rechazo a objetos sagrados y síntomas que, desde el presente, podríamos asociar con trastornos psiquiátricos, pero en una época donde la ciencia fallaba y el miedo dominaba, la respuesta fue un ritual de 72 horas que rozó la tortura.
El cine ha encontrado en el exorcismo un género fértil, pero también cómodo. Cada década tiene su Emma, desde El Exorcista de 1973 hasta esta nueva entrega, pero cuanto más se recurre a estos casos reales, más difusa se vuelve la línea entre el respeto por la historia y la banalización del sufrimiento.
Lo preocupante no es solo el uso estético de la religión o el espectáculo del padecimiento, es la persistente romantización del exorcismo como única vía de redención.

La película se vende como una historia real de fe y oscuridad que jamás podrás olvidar, tal vez, lo que no deberíamos olvidar es cuántas veces la ignorancia, el miedo y el dogma han sido disfrazados de salvación.
Si Exorcismo El Ritual nos deja algo, debería ser una invitación a repensar cómo tratamos lo que no entendemos, y sobre todo, a quién se le da la voz cuando el horror se vuelve espectáculo.
