El Auditorio Telmex fue el escenario de la primera de tres presentaciones de Alejandro Sanz en Guadalajara, como parte de su gira ¿Y ahora qué?. El cantante español logró congregar a miles de asistentes que, desde el inicio, respondieron con entusiasmo a un repertorio que combinó sus éxitos más reconocidos con temas de etapas recientes.
El concierto comenzó puntual, a las 21:15 horas, con Desde cuándo, tema que de inmediato fue coreado por el público. Con un estilo sobrio y vestimenta casual, Sanz continuó con Capitán Tapón y, entre agradecimientos, recordó la conexión especial que, según dijo, mantiene con la ciudad.

El espectáculo se apoyó en una producción visual correcta: pantallas laterales, una pantalla central alargada y un diseño de luces que acompañó con dinamismo cada interpretación. La banda, integrada por ocho músicos, aportó solidez a la ejecución instrumental, con secciones de percusión, metales, cuerdas y teclados que respaldaron el recorrido musical.

El repertorio alternó entre composiciones recientes y piezas emblemáticas de su trayectoria. Canciones como La música no se toca y Por bandera generaron una buena respuesta, aunque fueron los clásicos —Mi soledad y yo, Amiga mía o El vino de tu boca— los que despertaron la mayor participación del público, que no dudó en corear cada estrofa.
Uno de los momentos destacados ocurrió cuando Sanz interpretó ¿Lo ves? acompañado únicamente del piano, lo que permitió una conexión más íntima con la audiencia. También el bloque acústico, con ¿Y si fuera ella?, logró un ambiente cercano y emotivo.

El cierre llegó con Corazón partío, probablemente la canción más esperada de la noche, que se presentó primero en su versión original y luego con una variación rítmica que mantuvo la energía hasta el final, mientras papelitos de colores caían sobre el público.

En total, fueron dos horas de concierto en las que Alejandro Sanz recorrió más de tres décadas de carrera, equilibrando los temas que lo consolidaron internacionalmente con propuestas más recientes. El resultado fue un espectáculo sólido, sostenido tanto por la experiencia del artista como por la respuesta de un público que lo acompañó de principio a fin.
